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jueves, 14 de marzo de 2013

Días soleados

Me encantan los días soleados que suceden a unos días de lluvia, y no es que no me encante la lluvia, pero a parte de mi obsesión casi malsana por el pelo liso, los días de lluvia si has de ir a trabajar son muy engorrosos. Ir en metro cuando llueve y con una niña pequeña es caotico, caminar por la calle con un paraguas de los pequeños (sí, de esos que se regiran cuando viene el viento de frente) de la mano de una niña que la única preocupación que tiene en ese momento (afortunadamente) es jugar con su paraguas y ver si puede saltar disimuladamente en los charquitos que se van formando... bueno, aun no encuentro el adjetivo adecuado.
Pero si estás en casa en pijama y no tienes ningún compromiso inamovible para ese día, quedarte en casa con tu manta de sofá, algo de comer, y tus pelis favoritas, o un buen libro, o hacerte la manicura, rituales de belleza varios, o simplemente lo que te apetezca; esos son días de lluvia y confort.

Un día soleado después de la lluvia es la esperanza, por mucho que llueva siempre habrá un nuevo amanecer soleado y listo para ser disfrutado, aprende a ver las maravillas de la creación, a vivir agradecido y a sentirte afortunado con solo ver un nuevo día.