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jueves, 16 de junio de 2016

Historias de amor... jamás contadas

Una de mis mejores amigas,  de las mejores, tuvo una historia de amor con un final no muy feliz.
Me duele en el alma decirlo,  pero era "crónica de un dolor anunciado". El año antepasado,  en octubre,  iba caminando por el paseo de Gracia (mi amiga) hablando por teléfono,  ese día llovía,  así que llevaba el paraguas,  un paraguas grande y rojo que le había regalado su ex, un hombre que hasta el momento había sido el más importante en su vida,  por el trato que había recibido de él,  por todo el cariño y el amor que se habían dado, y por la complicidad y confianza que habían compartido,  ella siempre me decía que éste era el gran amor de su vida,  a lo que yo respondía que había leído que para que sea el gran amor de su vida tenía que ser un amor inolvidable e imposible,  eso lo había leído en una revista,  ella creía que había burlado las leyes del enamoramiento,  ya que según los estudios realizados por varias universidades cuyos nombres no quiero (no puedo) recordar,  el enamoramiento dura entre cuatro meses y un año,  y esos dos estuvieron más de un año como dos críos que se enamoraban por primera vez,  como si cupido borracho hubiera disparado todas sus flechas sobre ellos, en serio,  nunca había visto a dos personas tan llenas de amor ni tan felices,  yo sabía que era un amor imposible,  y así se lo hice saber,  pero ella estaba como encantada,  todo el santo día sonriendo y hablando de lo maravilloso que era ese amor,  como entendía a Romeo y Julieta, que si el amor en la literatura clásica,  que si hasta ese momento no había conocido la fuerza del amor que mueve el mundo y rompe todas las barreras y supera todos los abismos, todo el día hablando  de lo inteligente que era su enamorado (siempre la impresiona una mente maravillosa),  de lo bien que la trataba,  que si era detallista,  que si cada día la sorprendía, que si era tierno como un gatito y apasionado como un tigre,  que si era un romántico, que si compartían gustos literarios,  que si se sentía la mujer más dichosa del mundo porque encontró a alguien que no le importaba su pasado doloroso,  que nunca tuvo miedo de decirle que la amaba hasta los límites insondables,  y que,  a pesar de mis dudas sobre la imposibilidad de ese amor (que resultaron ciertas), ella creía ciegamente cada palabra que él le decía (como aquella canción de Gloria Trevi, "le creo", ellos dicen que yo no puedo ver,  que el amor es ciego cuando estoy con él. .. dicen que él es malo y que yo soy su fuego. Debo confesar que cuando él me besa el mundo da vueltas dentro de mi cabeza, cierro los ojos y siento su aliento, mi sangre quema cualquier pensamiento, y yo le creo, le creo, le creo. Le creo cuando dice te quiero, le creo que su amor será eterno, le creo que la luna es de queso, que me lleva muy dentro, él más fácil me miente y yo le creo...)  porque las dudas que ella traía al principio,  todo ese miedo,  fue disipándose con palabras hermosas, con gestos bonitos,  caballerosidad y muchísima ternura, incluso yo llegué a pensar en una ocasión, solo en una, que de verdad era la gran historia de amor, y que ellos eran los protagonistas de esa historia, incluso llegué a desear para mí un amor así,  es que la veía tan feliz,  estar con ella era como caminar junto a ella en esa nube muy alta en la que vivía desde que conoció al gran amor de su vida.
Yo desconocí a mi amiga,  realmente ese amor la hizo cambiar para bien. Pero para que sea una gran historia de amor,  ha de ser imposible .  Y esta lo fue,  tuvo un final triste y se separaron. Mi amiga lloró tanto que me asusté de verdad,  y yo con ella porque nunca pude comprender cómo sucedió ni qué pasó realmente.

Ella,  con el corazón roto,  me dijo que se sentía como el ser más miserable del mundo,  que disfrutó de un amor que no merecía,  y que se sentía como si hubiera gastado toda la felicidad que la vida tenía reservada para ella a lo largo de su vida en un sólo año y pico que duró esa relación,  y que,  por lo tanto,  ya no iba a conseguir ser feliz,  porque ya sólo le quedaba pagar lo que ya había gastado.

Seis meses después iba caminando por el paseo de Gracia,  eran las 19h de un miércoles de octubre,  llovía y ella llevaba el paraguas rojo que su amor imposible le había regalado; en una mano llevaba el paraguas, en la otra llevaba varias bolsas de tiendas de ropa y un precioso bolso de marca color coral,  el móvil iba entre el hombre izquierdo y la cabeza inclinada para que se aguante,  casualmente iba hablando conmigo por teléfono sobre las cosas que había visto en las tiendas;  las dos reíamos como tontas  porque me estaba explicando que una pija se la había liado a una dependienta, ella imitaba a las divas a la perfección, de hecho tiene alma de diva, cuando de repente oí que gritó, y ya no oí nada más. Me asusté y empecé a marcar otra vez sin obtener respuesta.

Al cabo de unos minutos me volvió a llamar,  resulta que un ciclista casi la atropella caminando por la acera, del susto se le cayó el móvil, por suerte no se le rompió la pantalla ni se mojó la batería. El chico que casi acaba con su vida se detuvo,  más bien se cayó delante suyo al intentar esquivarla, cayó literalmente a sus pies,  de ahí el grito,  por el susto y por el chico.

A pesar de que el golpe se lo había llevado él,  se levantó deshaciéndose en disculpas y preguntándole si estaba bien,  una y otra vez,  ella se quedó como en shock durante unos segundos,  y al ver sus ojos verdes, verde oscuro como el bosque al atardecer, se acordó de esa canción de Marco Antonio Solís, esa estrofa que dice:
"Me tropecé con tu mirar,  y aún no me puedo levantar,  si por mí fuera,  créeme ya, me hubiera ido;  pero es que fue mi corazón quien se adueñó de esta ilusión y, aunque sufriendo está, no se da por vencido (...) aceptame en tu corazón tal como soy,  no ves que estoy que no me cabe ya en el alma el sufrimiento,  estoy muriendo por dejar en algún sitio mi pesar,  y tras de ti, sin más pensar,  salir corriendo.  Compréndeme que ahora estoy en desventaja si me voy,  ya me busqué y no me queda otra salida que tu desprecio soportar hasta que logres arrancar la última gota de mi llanto en esta vida."

Ahí estaba ella,  presa de esos ojos y con sus bártulos en la mano.  Siguieron hablando un poco más y al final intercambiaron los números de teléfono. Desde ese preciso instante ella tuvo la intuición de que no era una buena idea.

Hablando y hablando empezaron a verse,  la atracción era mutua,  el chico era alto y guapo y mi amiga es un bellezón, no sé cómo lo hace,  pero a penas se cuida y está fantástica. Llegó el primer beso,  cerca del paseo de Gracia,  donde se conocieron.

Ten cuidado nena,  le decía continuamente,  estaba muy preocupada porque yo había llorado con ella la ruptura con su antiguo gran amor, el supuesto gran amor de su vida,  y aún cuando habla de él se dibuja una amplia sonrisa en su cara y sus ojos marrones como el chocolate caliente brillan con una intensidad extraordinaria,  sé en el fondo de su alma tiene guardados todos esos hermosos recuerdos,  un amor así es difícil de olvidar.  Pero mi deber como amiga era decirle lo que yo veía desde fuera.

Ella no es una chica de salir con uno y con otro,  quiere y espera al segundo pero definitivo gran amor,  esa persona a quien va a darle todo el amor que lleva dentro y que los que la conocemos recibimos gratuitamente. Pero su nuevo amigo no quería eso,  de hecho parece que ambos estaban de acuerdo en que estaban bien juntos pero no eran pareja y, mucho menos novios, ni ella quería en esos momentos una relación,  ni él estaba preparado para tenerla, ambos tenían circunstancias que personales que impedían pensar en una relación estable.

Nunca tuve el placer de conocer al tipo en cuestión,  pero no me daba muy buena espina,  más que nada llegaría un momento en el que sus caminos se tendrían que separar,  porque ambos perseguían metas distintas.  Me contaba las tonterías que hacía para hacerla reír,  y cuando veía las fotos que se hacían juntos podía ver el brillo en los ojos de ambos,  se habían enamorado.

A principio de verano se fueron un fin de semana a la playa,  mi amiga estaba muy emocionada,  hacía tiempo que ella sospechaba que él la amaba de verdad,  y yo veía a mi amiga otra vez iluminada,  feliz,  con ilusión. Te ha dicho que te quiere? - le pregunté. Me dijo que no,  pero que con la forma que la trataba se lo demostraba, le dije que seguramente él estaba esperando a que ella se lo dijera primero.  A la vuelta del fin de semana quedamos y me dijo que ella le había explicado nuestra conversación,  ellos estaban en la playa,  relajados y muy felices,  lejos de todo el mundo.  Cuando ella le dijo que yo había dicho que él estaba esperando a que ella le dijera primero que le quiere,  él le preguntó si era verdad,  ella desvió la vista y le dijo que por favor dejara de decir tonterías,  que tanto sol le había afectado y que era posible que tuviera fiebre. Entonces él le acarició la cara y sumergió esos ojos verdes oscuros como el bosque al atardecer dentro de los ojos de ella,  esos ojos marrones como el chocolate caliente,  le dijo que si era verdad.  Ella se quedó en silencio manteniendo la mirada, una mirada dulce e iluminada,  entonces él le dijo suavemente,  porque es verdad. Es verdad Qué? -respondió ella con una sonrisa asomando.
Es verdad que te quiero!!!
Dicho esto se besaron,  un beso dulce y salado,  por el agua del mar, ella le dio un abrazo y le dijo que no podía hacer nada porque se había enamorado,  otro beso,  yo también te quiero- le dijo,  seguido de otro beso. 

Yo me emocioné muchísimo cuando me lo contó,  por la forma en que lo explicaba,  transportándose hasta ese momento,  sus ojos volvieron a brillar un poco,  y cada vez sonreía más, estaba radiante,  y yo asustada.  Cuanto más alto subes,  más duro es el golpe,  y ella llevaba unos cuantos.

Ella pensó que tal vez en algún momento de la vida tendrían objetivos más o menos parecidos, y entonces me restregaria por la cara que mi pronóstico no se cumplió,  aunque ella sabía que nada me hubiera hecho más feliz que equivocarme estrepitosamente, y dejar que ella me lo recordarse hasta el final de los tiempos,  su felicidad vale más que mi orgullo.

Así que,  a pesar de que seguía teniendo el presentimiento de que el dolor cada vez estaba más cerca, empecé a hacerme a la idea de que iba a funcionar,  estaba funcionando,  desde aquel fin de semana en la playa en el que ella se levantó la primera mañana y se dio una ducha mientras él dormía,  y puso la canción de Mark Anthony "valió la pena", porque ya no sentía la inseguridad del principio, porque había costado mucho llegar hasta el momento del "te quiero",  porque se fue enamorando sin darse cuenta,  y cuando quiso reaccionar,ya era tarde,  pero él también estaba perdido,  porque se había enamorado.

Llegué a pensar realmente que valía la pena darle un voto de confianza y brindar por la felicidad de mi amiga,  sin tener que decirle cada vez que nos veíamos, para ir de compras o para cenar, que estaba perdiendo el tiempo con una relación que iba directamente al fracaso, y que iba a doler mucho.  Yo no quería volver a recoger sus pedazos,  porque ella no merece que le hagan tanto daño,  no merece ni el más mínimo daño,  después de haber perdido el amor de su vida,  creo que ya estaba pagando demasiado caro.

Pero el destino es caprichoso,  y le encanta dar esos giros inesperados que cambian el argumento de la historia e incluso el escenario y los personajes.  Y todo terminó abruptamente un día cuando ella menos lo esperaba.

Quedaron para tomar algo después del trabajo,  les encantaba quedar entre semana,  porque ambos encontraban refugio y consuelo en medio de una semana dura, así que quedaron en verse.
Ella me explica que bajó las escaleras con la ilusión de una quinceañera cuando su novio le pica para que baje,  pero que cuando vio su mirada,  esos ojos, verdes como el bosque al atardecer, estaban sombríos,  no veía esa preciosa sonrisa de tonto enamorado que solía poner cuando se encontraban, no tenía esa iluminación que se ve en las películas cuando en medio de todo el mundo el protagonista vislumbra el rostro de su amada, supo que algo no iba bien.  Se abrazaron,  y ella empezó a sentir mucho frío,  quizás porque era una noche de invierno,  quizás porque ya todo estaba perdido.

Caminaron bajo el frío y se detuvieron en un banco de la calle.  No es por ti, es por mí, ese fue el resumen de dos horas de conversación para romper,  eso fue lo que le dijo.
Incredulidad total sentí cuando me lo contó entre llanto, claro que no podía ser por ella, contra todo pronóstico puso toda la carne en el asador y perdió.

El otro día la llamé porque llevaba unos cuantos días respondiendo a mis whatsapps con monosílabos, ella que no calla ni debajo del agua,  cuando me respondió al teléfono la noté muy seria.
Estás bien cariño? -le pregunté.
No-me respondió,  y en ese momento se derrumbó,  empezó a llorar como en esa canción de Alejandro Fernández,  sin "tantita pena" (lloro noches sin estrellas, noches sin ti, lloro noches completitas, lloro lágrimas de amor. Me abandonas a mi suerte tú, así sin compasión, así, así sin tantita pena. Llevas en la boca tuya todo de mí, llevo huellas de tus besos de la piel al corazón, me has dejado sin mirar atrás, así sin compasión,  así, así sin tantita pena. Me dejas morir,  me dejas aquí sin tantita pena).

Hablamos durante horas,  y me dijo que se había enterado por terceras personas que su ex estaba con otra persona,  con otra chica y que le dolía en el alma.  No quiso quedar ese día,  ni al día siguiente,  así que entre el trabajo y la niña,  me presenté en su casa.
Me abrió la puerta vestida como una pordiosera, y yo sentí una envidia terrible,  yo también tengo mis historias y nada me haría más feliz que tirarme al abandono durante una semana, esa es una de mis fantasías. Desperté de mi ensoñación y le di un abrazo, y las dos lloramos,  ella por él y yo por ella.

¿Hasta cuando? - me preguntó suspirando. - Está claro que hay algo que falla nena,  y no sé qué es!

Aquí lo que falla es que estás sacando todas las fichas malas primero,  después solo quedarán las buenas, le dije sonriendo mientras preparaba café, eran las 10 de la mañana y me había saltado la clase de aquagym, había renunciado a ver a mi novio imaginario para ver a mi verdadera amiga. -Y arréglate, que nos vamos a la calle,  hace un día fantástico, tengo que hacer unas gestiones y necesito que me acompañes,  después te invito a comer en ese vegetariano que te gusta.  Ponte guapa,  que tengo una reputación que mantener.

Resopló, y cuando terminamos el café se metió en la ducha,  media hora más tarde,  parecía otra persona, también sentí envidia de la buena,  porque es guapísima,  y con poco que se arregle,  el resultado es fascinante.
- Así me gusta! Estás preciosa. Venga, a la calle.
Y así nos fuimos,  hablamos de estupideces y nos reímos un buen rato.  Después de comer me dio las gracias por la compañía.

Durante esas dos semanas estuvimos más en contacto,  me puse muy pesada con ella para que no se desanime.

Cariño, no te hagas más daño, quítate ese peso de encima, no merece la pena gastar el tiempo de esa manera, si superaste aquella separación tan dolorosa, puedes con todo, tienes una entereza interior, que ya quisieran muchos. Sabes que eres mi inspiración, te caes y te levantas con estilo, eres pura vida, y llegará quien te conozca como realmente eres, y te volverás a enamorar,  y te aseguro que ese no será tan idiota como para dejarte marchar.  Quien se quiera ir,  que se vaya, y quien se quiera quedar,  que se quede, pero tú eres la protagonista de la historia de tu vida.  Gracias por darme un papel importante.

Dicho todo esto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si has leído toda la historia, si la has entendido,  y si te ha llegado,  te pido que me lo hagas saber.  Quizás este puede ser el primer capítulo de una gran historia.