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viernes, 3 de enero de 2014

Stetic & Peluqueria Kimberly

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 Ayer mientras hacía la foto pensaba en tantas y tantas cosas que os quería contar. 

Acaba de empezar un nuevo año, parece una tontería porque en realidad es como pasar de un día a otro o de un mes cualquiera a otro. Sin embargo es más que eso mucho más. Es una página en blanco dentro del libro de tu vida. ¿Qué vas a escribir en esta página? ¿Estará lleno de optimismo? 
Justo ese el sentimiento que nos llena, optimismo, ilusión, esperanza. Sentimos que tenemos una nueva oportunidad para cumplir nuestras metas, nuestros propósitos, nos decimos a nosotros mismos que este año sí que sí lograremos aquello que llevamos años y años proponiéndonos. En mi caso, empezar a cuidarme, a cuidarme de verdad, aunque en realidad no me cuido tan mal, pero llega un momento en la vida de toda mujer en que debe replantearse sus hábitos, aunque sólo quede en eso: un replanteamiento. 

Desde que cumplí los 20 y muchos decidí hacerlo, me apunté al gimnasio y empecé a ir andando a muchos sitios, a nadar en verano y esas cosas a la que están acostumbrados los deportistas. Pero soy tan inconstante que la fiebre me duró poco; aún así sigo en mi propósito de cuidarme, pero sin agobios, hay que disfrutar de la vida, pero si se hace sabia y sanamente, pues muchísimo mejor. Mens sana in corpore sano, y yo quiero tener mi mente sana.

A finales del año pasado, mi mejor amiga y yo habíamos comprado unos bonos para una sesión de belleza. La oferta consistía en: una manicura, arreglo de las cejas, Exfoliación corporal con sales minerales, masaje e hidratación. Todo por 30 euros! 

Yo vi la oferta, la compré, le hice una foto y se la envíe a mi amiga Dalyeris para que la viera y la comprara; ella se registró en la página y después compró la misma oferta.y me envió una foto para que comprobara que era la misma oferta.
Una vez tuve la evidencia de que teníamos la misma oferta llamé para informarme del horario de atención y de las condiciones de la oferta. Ya por teléfono no tuve la impresión de que me atendían correctamente, pero deseché ese pensamiento inmediatamente. No pude aclararme con la chica, así que le dije que cuando tuviese claro los posibles días volvería a llamar. En fin, una tarde al salir del trabajo decidí pasar para asegurar la hora y de paso inspeccionar el lugar. Cuando llegué había una señora hablando con una chica, di las buenas tardes y entré, la señora me dijo algo así como que esperara un momento, pero sin tan siquiera mirarme a la cara. 
Me senté a esperar en la minúscula entrada y me empecé a sentir como mareada. Delante del sofá había una estantería llena de bisutería, grandes cantidades, desordenada y puesta de cualquier manera, al lado de la puerta había una especie de mostrador lleno de estanterías con estuches de cremas y cosas para el pelo. Una gran cesta de regalo de Navidad y muchas cestitas al lado, y justo al lado del sofa, en la entrada, un gran buda, que me dió repelús, pude visualizar dos estatuas más, todo en un espacio muy pequeño. Tenía calor y nadie me atendía, habían apagado unos 10 minutos, y tenía la impresión de que en cualquier momento todo aquello caería sobre mi o explotaría. 

Estaba hablando con mi amiga por wassup diciéndole que no me estaban atendiendo nada bien, ya que aquella señora seguía intentando vender cosas a la chica y, al parecer, estaba sola. De repente apareció por unas escaleras una chica. Le expliqué que tenía un bono para un tratamiento junto con mi amiga, y buscamos una hora conveniente.

Semanas después, llegado el día, planeamos un día perfecto: sesión de belleza, pausa para el café, rato de tiendas y luego ir a comer al Fresc&co. 
Sin niños, sólo nosotras, hermoseadas y relajadas. 

Cuando me dirigía al lugar de la cita, hacía un día espléndido, mucho sol, lástima que me había dejado las gafas de sol en casa y me molestaba bastante, mientras paseaba por la sagrada familia pensaba en lo bien que me haría ese masaje, después de todos los excesos navideños. Era día 28 y no había parado de comer desde el 22 que tuve la comida del trabajo.

La manicura resultó ser sólo un limado de uñas y pintado, nada de cremas, nada de masajes, sólo eso. Lo que más me impactó fué que la chica encargada de hacerme la exfoliación se puso guantes. Guantes!! Para hacer un masaje con guantes! Me pareció tan fuerte, pero intenté relajarme. No pude hacerlo porque la habitación estaba fría, como también estaba fría la toalla con  la que retiraba la sal de la exfoliación, tenía los pies helados. Cuando me hizo la hidratación, se suponía que era con las mejores cremas vitaminadas y esas cosas que te venden. No sentí en ningún momento la piel más suave que de costumbre, y me hizo falta el contacto humano que caracteriza los masajes ( el de costa ballena, ese sí era un buen spa).

Mientras me hacia la exfoliación facial, no mucha cosa, y por fin sin guantes; aprovechó para hacerme las cejas. Se supone que cuando deberías estar totalmente relajada, a nadie se le ocurriría hacer las cejas con pinzas, pero bueno. Aún me faltaba pintar las uñas y aún esperaba la hidratación de las manos... Nunca llegó tal hidratación.

Cuando bajé del masaje estaba mi amiga haciéndose las uñas, nos saludamos y en seguida ella subió y yo me quedé mirando un catálogo de Cristian Lay. Me decidí por un anillo, y cuando le dije a la señora que me lo encargara, me sacó una maleta, sí, habéis leído bien. Una maleta llena de bisutería desordenada. Me pregunto que era lo que me interesaba y le dije que los pendientes largos, entonces me sacó anillos; le dije que no llevaba anillos porque me molestaban, y ella en sus treces enseñándome anillos grandes y estrafalarios. Uno con piedra de no se qué para protegerme de la envidia y del mal de ojo. Le dije que no creía en esas cosas y que Dios me protege, y la señora insistiendo en los anillos y en los minerales que evitan el mal de ojo. Estaba ya deseando salir corriendo de ahí. Cuando bajó mi amiga pude ver en su cara el disgusto que tenía.

Cuando salimos me explicó que tuvo que decir a la señora que cambiara las toallas, y que pusiera papel desechable hasta arriba, que pasó frío y que la señora se puso guantes para hacerle el masaje. Que no esterilizaron el material de manicura ni cambiaron la toalla, un desastre total y absoluto.

Las manos nos quedaron bonitas, porque ya las tenemos así, y las cejas también, pero para nada cumplió las expectativas que llevábamos. Hablando con las compañeras de trabajo sobre el trauma, les preguntaba si tenía que poner el nombre del local, y me convencieron de que sí. El sitio se llama stetic & Peluqueria kimberly. 

Muy mala experiencia. Pero eso fué el año pasado, este año será todo diferente, más bonito!