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martes, 28 de junio de 2016

No sin mi hija

Antes de ayer se me fue la Cuca de convivencias (colonias) tres días.  Desde el mes de abril llevo fantaseando con tres días para hacer lo que yo quiera dentro de mi horario disponible. Claro, que me imaginaba entonces que tendría unas circunstancias distintas y que haría planes en compañía,  pero visto como está el patio, mejor sola.

Sola sin mi niña. Todos los que conocéis un poco a Gabi sabéis que es un terremoto,  desde que empezó a gatear y a arrasar con todo a su paso,  yo la llamo tsunami;  ella es pura vida, alegría,  y es un saquito de amor (eso se lo digo desde que nació) y de huesos también.

Desde que oí su corazón por primera vez,  el tercer mes de embarazo, sentí que ese era mi propio corazón, y me empecé a asustar,  a pesar de estar convencida de que estaba embarazada,  no se había hecho palpable, hasta el momento solo había tenido muchísimo sueño y cero hambre, sí, habéis leído bien, no tenía hambre, por lo que perdí mucho peso, que luego pude recuperar satisfactoriamente y en exceso. El caso es que su corazón lo siento dentro del mío, y las madres me pueden entender.

Mi Tsunami lo arrasa todo y lo inunda todo con su fuerza, su alegría y su cariño;  tiene tanta fuerza interior, que más quisiera yo tener al menos la mitad,  cuando ella no está se nota, y cuando no está hace falta.  Ella es mi sal,  le da sabor a mi vida.

Desde que le dije que se iría de colonias, me tenía un oído sordo con todas sus preguntas, sus planes, sus especulaciones, qué iban a hacer, se estaba entrenando por si aparecía un lobo en medio de la montaña ella poder darle una patada tan fuerte que no iba a volver jamás, estaba eufórica. Habíamos iniciado ya la cuenta regresiva, esas que le encanta hacer, y con todo lo valiente que es, la noche anterior me dice:

- Mama, me duele la barriga.
- Claro, has cenado comida no sana con los primos,  por eso la mama siempre te dice que no es bueno. Además si te duele no sé si podrás ir mañana de colonias,  quieres ir?
- Si quiero ir, pero no quiero tres días sin mamá.
Dicho esto empezó a llorar con una carita muy triste que me rompió el corazón. Era normal que ante una situación desconocida se sintiera un poco insegura,  quería ir, pero también quería estar con mami, y yo quiero que se lo pase bien, pero también quiero que esté conmigo.  


Le dije que la iba a echar muchísimo de menos,  pero que tenía que ir porque ya lo habíamos pagado, ya habíamos marcado toda la ropa y preparado la mochila,  y que además llevaba meses esperando el momento de ir. Casi me vuelve loca con sus ganas de ir como para que ahora se eche para atrás,  eso no lo podía permitir, porque no le estaría haciendo ningún favor. Es bueno y sano que se enfrente a pequeños retos,  además también es bueno para mi que exprese sus emociones.  Le dije que no tenía de qué preocuparse,  iba a ir con sus amigos y yo iba a estar bien,  y que dos días pasan muy rápido,  seguro que no querrá volver. 


Me hace pensar en lo pronto que crecen,  yo ahora estoy sola, y los planazos que había ideado en mi cabeza se han reducido a ir al gimnasio,  al menos está mi novio imaginario por las tardes,  me mandó un mensaje el otro día para darme la noticia de que había cambiado su horario a las tardes,   así que espero que para otra ocasión que tenga varios días libres pueda hacer planes más emocionates, y sino,  qué más da?  He aprendido a ser feliz y a contentarme sea cual sea la situación.

Lo que si tengo muy claro es que no quiero estar sin mi hija, no quiero perderme sus mañanas ni sus noches, ver el mundo con ella y a través de sus ojos. 

Mis grandiosos planes para estos días han sido ir al gimnasio por la tarde noche, así pude retomar la relación con Dani, tan mono que es, de hecho, creo que ya se está dando cuenta de que tenemos una conexión especial, y, aunque sea un torturador cuando hace clases, es un encanto de chico, no soy la única a quien sonríe y con quien charla, pero yo no soy celosa, estoy dispuesta a compartir a mi chico con todas esas señoras,  y con las chicas que se han apuntado últimamente...


Hoy llegará mi pequeña, un poco más mayor y un poco más lista, estoy tan impaciente por darle un abrazo!  Siento que esto es un preludio de lo que me espera, porque sé que volará mucho y muy lejos, y que aunque ahora volamos juntas, llegará ese día en que emprenderá su propio vuelo, y yo estaré apoyándola en todo, motivándola a crecer y secando sus lágrimas cuando sea necesario. 


Bienvenida a casa princesa Tsumani!