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miércoles, 1 de octubre de 2014

1 de octubre, otoño dulce.

El año pasado a mediados, casi a finales, de octubre me sentía desfallecer, como rezaba aquella canción de coca cola: "la oscuridad se cierne sobre mi". Pues yo me sentía exactamente igual,  no se si por el cambio de horario, si oscurece pronto o porque fue un mes lluvioso; pero yo me sentía triste y angustiada,  sola en el mundo, para que os hagáis una idea lo ejemplificaré de la siguiente manera: como en los dibujos animados alguna vez se ha visto a alguien con una nube gris que llueve para él solo,  o ese personaje en una calle oscura con un foco que lo ilumina y una sonata triste de fondo.  Así me sentía, tanto por dentro como por fuera,  cuando pude identificar el problema, al cabo de muchos días de tristeza y taciturnidad,  en los que intenté enviar a todo el mundo a paseo,  a todo el mundo, cuando realmente supe que el problema no era yo, sino que estaba permitiendo que elementos externos, tales como la lluvia o la oscuridad, determinaran mi comportamiento, había dejado que calaran dentro de mi corazón y había dado riendas sueltas a la melancólica durante días y días.  Octubre es un mes muy largo,  un mes de cambios, aunque septiembre nos permite disfrutar de días de playa o días de peli y sofá, en octubre se va el sol por donde mismo vino, y los días que nos honra con su presencia a penas se digna en calentar,  en octubre empiezan las chaquetas y los cambios de armario,  se apaciguan las ganas de salir y las ganas de terracitas, todo se vuelve opaco y gris,  y sabes que te espera un largo invierno por delante,  pero como esa canción de Marcos Vidal que dice: " ya el otoño arrasó con el verano, y el invierno será crudo, pero aquí estamos, la primavera llegará"... siempre nos queda esa esperanza,  la primavera llegará.

Yo pude reaccionar a tiempo una vez hube identificado el problema, pero a veces vivimos épocas otoñales que nada tienen que ver con la estación del año en la que estemos, sino que son tormentas o vientos que nos remueven por dentro y nos hacen temblar los cimientos de nuestra propia cordura, tan frágil como fuerte,  y si damos riendas sueltas puede que nos cueste mucho deshacer el camino hecho y volver a nuestra habitual primavera interior o a nuestra época estival de las emociones.  No importa que el otoño haya arrasado con tu verano, debes de tener por seguro que la primavera llegará, aunque para ello tengas que pasar por el crudo invierno, y si ya estás metida de lleno en el crudo invierno, y piensas que estás congelada,  petrificada, y que no das más de ti misma, piensa que la primavera está más cerca que nunca, y que llegará para hacer florecer tu vida con más luz, esa lluvia fina y pura que hace brotar las más hermosas flores y que aún el árbol más pelado se llena de verdes hojas vivas y fuertes,  no temas,  octubre siempre pasa por largo que parezca,  por difícil que se presente o por oscuro que lo vislumbres.

Así como pude cambiar mi visión de octubre el año pasado, tu puedes cambiar la visión de todos los octubres de la vida cotidiana, recuerda que todo pasa.  Yo me prometo a mi misma no dejar que los elementos externos que tengo ligados a este mes surjan efectos negativos en mi vida, al contrario, ahora que se que puede pasar, haré todo lo posible por tener el mejor octubre de toda mi vida.  Y te reto a que hagas exactamente lo mismo!

Deseo que tengas un dulce octubre lleno de experiencias maravillosas,  y si me las quieres contar, soy todo oídos.