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viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Cómo estás? Muy bien!

Ayer antes de irme a trabajar me hice esta "selfie" y la publiqué en instagram. Al cabo de 3 minutos aproximadamente recibí el equivalente al "me gusta" de Facebook o al +1 de Google plus,  que ahora mismo no se como se llama, pero el icono es un corazoncito, me lo envió una compañera de trabajo.

No le di mucha importancia, al fin y al cabo no consideraba que en la foto se me viera especialmente guapa,  sólo me limité a recogerme el pelo en un moño alto para poder recoger el flequillo, que ya no encuentro como ponerlo para que no me salgan los mechones de pelo rebelde, me había puesto los pendientes largos porque llevaba toda la semana sin acordarme de ellos, y para mi son imprescindibles, sin ellos me siento semi desnuda, y para completar me puse un poco de pintalabios, otro clásico;  todo ello sin pensar, por inercia.

cuando salimos de casa,  la Gabriela y yo, fuimos todo el camino hablando, ella es muy habladora, como su madre, casi llegando al trabajo la Gabriela empezó a cantar "la gallina turureta", yo la miraba entusiasmada, y en un momento que la miraba sonriente ella me miró y me dijo : mamá, por qué estás tan contenta?

Me llegó al corazón,  le respondí que estaba contenta porque ella también lo estaba,  y que su felicidad era mi felicidad,  y es así.  Yo no era consciente de que a sus ojos se me veía tan contenta.

Al llegar al trabajo, la compañera que me había dejado el corazoncito en instagram me dijo: Ruth,  estás guapísima!  De verdad. 

Por la tarde al llegar a casa me detuve a hablar con una vecina, y cuando me estaba despidiendo me dijo: no te has dado cuenta de que estás radiante?  Diferente.

Aún no lo asimilaba. La verdad es que la percepción que tenemos de nosotros mismos a veces no coincide con la que tienen los demás.  Es como cuando estás tan normal y te encuentras a alguien que te pregunta si te pasa algo, o cuando te dicen: Qué mala cara tienes, te encuentras bien?

Pues hasta el momento te encontrabas bien, hasta el momento que alguien te dice que tienes mala cara,  en ese instante tu mente empieza a trabajar en negativo,  muchos pensamientos,  desentierras tristezas del pasado, y piensas que es normal que tengas mala cara, han sido tantas cosas dolorosas por las que has pasado, que es lo más normal...

Sin embargo (y es algo que he trabajado en mi durante todo este año), si te niegas a admitirlo, ea decir, cuando alguien te dice que tienes mala cara le respondes que no, que no te pasa nada y que ni te habías dado cuenta, puede que esa persona también cambie de opinión, puede que esa persona no se encuentre bien y quiera reflejar en ti ese sentimiento que lleva dentro, o simplemente quiera desanimarte para evitar que brilles. Yo conozco gente así,  se pasan la vida preguntando si estás bien,  claro con la situación tan difícil que estás viviendo, con lo mal que te tratan, con lo poco que te valoran, etc...

Cuando alguien te pregunte Cómo estás,  siempre responde con una sonrisa,  un alto y claro: muy bien!
Verás como esas palabras empiezan a obrar en tu interior,  y estarás bien, te darás cuenta de lo afortunada/o que eres, porque por mal que creamos estar, siempre puede ir a peor,  así que disfruta de la dicha de estar vivo/a y de tener salud y familia.

Hay un proverbio en la biblia que dice:
En el día del bien, goza del bien,
En el día del mal,  considera.
Dios hizo tanto uno como el otro para que el hombre (y la mujer) nada halle después de Él.