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lunes, 28 de abril de 2014

Todo pasa

Hace un año y ocho meses, estaba atravesando el peor momento de toda mi vida, de mi vida anterior y posterior.  Estaba perdida y desorientada, y emocionalmente deshecha.  Me fui de viaje con mi pequeña a República Dominicana, para aclarar la mente y las ideas, y para intentar disipar todo el dolor que sentía. 

Unos amigos de la infancia al saber lo mal que estaba me concertaron una cita con una psicóloga cristiana y pastora de la iglesia de Dios de la profecía en sabana perdida, su nombre es Piedad Martínez. 

Hablé con ella largo rato, lloré, saqué todo el dolor y la rabia que llevaba dentro, y aún así no sentía tranquilidad ni paz. 

Ella me contó una historia, y hoy  vuelto a recordarla al sentirme triste nuevamente.
La historia es la siguiente:

Habían dos amigos que estaban muy unidos, tanto que el amigo era como un padre para el hijo de su amigo.  Confraternizaban juntos y se tenían mucha confianza.  Se ayudaban y apoyaban mutuamente en todos los aspectos de la vida.  Llegó un momento en el que uno de los amigos murió, dejando a su hijo solo.  El hijo sufrió la pérdida y lloró amargamente. Pero aún le quedaba el amigo de su padre, el cual estuvo a su lado durante el proceso de duelo. 
El amigo vino a ser como un padre para el chico.  Lo aconsejaba y ayudaba, corregía y animaba.  El chico se hizo del todo adulto y seguía los consejos de su segundo padre, la vida le había regalado un buen amigo que se convirtió en su mayor apoyo. 
Al cabo del tiempo éste amigo se puso enfermo de gravedad, estuvo en cama.  El chico cuidaba de él pero ya no había solución, la vida de su amigo, el que fue amigo de su padre, se le escapaba de las manos.  El joven se sentía mal, muy mal.  Vio como se repetía la historia y quedaba solo otra vez.
Ya moribundo su amigo le dio un sobre cerrado y le dijo que cuando se sienta turbado y desesperado, cuando piense que no hay salida, que se siente un momento, respire con los ojos cerrados y que después abra el sobre y lea lo que hay en él.

El amigo murió. El joven se sintió desolado y solo.  Después de encargarse del funeral y atender a todo el mundo.  Cuando estuvo solo se sentó en el suelo y empezó a recordar a sus padres, a todo aquello que habían vivido.  Un enorme dolor lo embargada.  Cerró los ojos y sacó el sobre del bolsillo, respiró y abrió el sobre.  Sólo había dos palabras escritas: TODO PASA.

Todo pasa.  En aquel momento no pude entender lo que me estaba regalando la pastora Piedad Martínez.  Cada vez que me siento mal recuerdo esas palabras "todo pasa"; como suelen decir, no hay mal que cien años dure. 

Doy fe. Todo pasa

Cada vez que te sientas mal, triste, cuando no veas salida saca el sobre de tu bolsillo y lee esas dos palabras.