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jueves, 30 de abril de 2015

Una piedra en el zapato

El viernes por la mañana,  justo cuando salía de casa, tarde como cada día y a toda velocidad, me di cuenta de que tenía una piedrecita dentro del zapato... me puse zapatillas deportivas porque me esperaba un día ajetreado, y así voy más cómoda (es algo que he conseguido hacer, ir por la city con deportivas que no sean "converse").

Al sentir la molestia en el pie recordé una conversación que tuve con Mike la noche anterior cuando le conté una situación personal,  me dijo: eso es como una pequeña piedra en el zapato,  vas notando una pequeña molestia,  y puedes caminar con ella, pero a medida que vaya caminando, si no te detienes, te sacas el zapato, lo pones bocabajo y lo sacudes con pequeños golpes hasta sacar la piedra y lo que pueda tener y entonces te lo vuelves a poner, no lograrás caminar bien, y encima esa piedra te irá abriendo una herida que al principio será pequeña, pero que poco a poco se irá haciendo más grande y dolorosa.

Conseguí llegar al colegio de Gabriela con la piedrecita dentro del zapato, pero también con la incomodidad.  Sólo pensaba en llegar a casa y sacar esa piedra antes de que me hiciera más daño.

Hay situaciones en nuestra vida que no saneamos y que vamos arrastrando cual piedra en el zapato,  vamos aguantando y llevando por dentro esa molestia que no nos impide caminar pero que nos hace el camino más difícil y nos limita,  nos impide la entrada de pensamientos positivos y creativos porque perdemos demasiado tiempo pensando en esa piedra que nos molesta.  Hablo desde mi propia experiencia, literalmente y simbólicamente. 

Ya es hora de sacar esas piedrecitas que nos complican el caminar,  es hora de liberarnos de ese peso emocional o físico.  Antes de que haga herida.  Y si ya ha hecho herida es hora de sanarla, por el hecho de ignorar ese dolor o ese pensamiento que te atormenta no significa que vaya a desaparecer por sí mismo.

A veces Mike tiene razón con sus reflexiones, y son más profundas de lo que se imagina.