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jueves, 31 de julio de 2014

Increíble pero fantástica historia de cómo conocí a Gonzalo

Después de que os presentara en el blog a mi amigo Gonzalo, bueno, más que presentar fue una mención especial. El caso es que después de escribir la entrada del blog: soy una chica!!!! Me han llovido muchos mensajes privados preguntando quien es, a que se dedica, donde lo conocí, y que clase de amigo es, si es guapo...

Nos conocimos de la manera más original que haya conocido a alguien jamás. Yo estaba en el aeropuerto esperando mi vuelo, faltaba al menos una hora para embarcar, hice lo que hago siempre, un poco de shopping y después un café en "il café di Roma" ( ese que siempre está a tope en el aeropuerto del Prat, y que de repente se queda desierto para volver a llenarse), me encanta ese rincón, el café no es nada del otro mundo, y cuando pides un café con leche siempre te preguntan si grande o pequeño ¿que pregunta más rara,no?  pero me gusta en especial porque desde ahí puedo ver pasar a los viajeros, las familias con muchos niños, los que viajan solos por trabajo, los que viajan solos por ocio, los amigos que van juntos de viaje, las amigas que consiguen llevar a cabo el viaje soñado, las parejas de novios, las parejas que llevan mucho tiempo juntos, etc

Estaba yo sentada en una mesa para tres, había una silla libre, otra ocupada por mi persona, y otra, como no, para mi bolso, mi bolsa de zara, una bolsa de Disney store, y otra de la tienda de golosinas donde siempre que viajo compro unas catanias de crema catalana deliciosas.  Estaba tan tranquila con mi café con leche(ya había acabado el donut de chocolate), tenía el ejemplar del mes de la revista glamour, y estaba leyendo una novela de Sara Lark en la tablet, estaba tan sumergida en los paisajes de Nueva Zelanda que no me percaté que alguien se acercaba. Oí una voz masculina: Disculpa, me puedo sentar? - preguntó. Respondí que por supuesto con una encantadora sonrisa de cortesía, echando un vistazo a mi al rededor, pude ver que había al menos tres mesas libres, y dos ocupadas por otras chicas solas. Pero las normas no escritas de educación me obligaban a aceptar a aquel chico que tenía delante en mi mesa, lo tomé como un acto de buena fe, al fin y al cabo sólo íbamos a compartir mesa. 

Seguí leyendo, mientras él tomaba su café, el desconocido no dejaba de mirarme, alcé la vista un instante y pude ver los ojos marrones más atractivos que he visto en mi vida, grandes, vivos, luminosos y profundos; aunque me sentí cautivada por aquella mirada, me parecía un tanto descarado que no me quitara la vista de encima.

Yo llevaba un jersey negro, tejanos azul tinta y botines marrones de medio tacón grueso, una melena perfectamente lisa y un poco de lápiz negro en los ojos para dar un toque de expresividad. Iba muy guapa, pero tampoco era un bellezón para tener esos enormes ojos marrones atractivos, grandes, vivos, luminosos y profundos encima.

¿Se puede saber que estas mirando? - se me escapó, con un tono que no pretendía ser grosero ni chistoso, lo suficientemente serio para que no me tomase en broma.

Disculpa si te molesto, soy fotógrafo, y tu eres muy fotogénica. No puedo evitar mirarte.- esa fue su respuesta.

Lo flipo! - como diría mi hermana- pensé. Que rollo me esta contando ahora.
Supongo que mi cara de incredulidad lo decía todo, lo que no sé bien es qué es lo que pensaba que no me creía: que él era fotógrafo, que no podía evitar mirarme, que yo era fotogénica, o si en realidad sentía molestarme.
En serio? - me salió del alma.

Sino fuera verdad no me molestaría en decírtelo.
Ahora  voy a París, tengo una reunión con la directora de una galería de arte y una sesión de fotos, si vives en Barcelona podríamos tomar un café cuando los dos estemos en la ciudad, con mis mejores intenciones. Me lo dijo con la sorprendente calma de quien ve llover.

Estaba atónita, y sólo se me ocurrió contestar: pero si ya estamos tomando un café.

Se echó a reír, con una risa limpia e inocente que también me hizo reír a mi. Me relajé, y creí que todo acababa ahí. 

Miró el reloj y me dijo mientras se levantaba de la silla: ya nos veremos morenita guapa! 
Que vaya bien! - contesté.

Tenía una anécdota divertida que contar a mis amigas cuando regresara de dondequiera que fuera a ir.

Al cabo de un mes y medio, más o menos, iba por la plaza Cataluña, había dejado a la Gabriela en el colegio y me dirigía a dar un paseo por el centro y después a desayunar, ya sabéis para romper con la dichosa rutina, cuando de repente, paso por delante de la terraza fargi que esta en el Fnac, en frente del BBVA, y escucho: eh, morenita guapa! 

Normalmente no suelo hacer caso a no ser que me llamen por mi nombre, o sea algo con gracia, pero esa voz me sonaba. El fotógrafo?? !! Ahí estaba tomando un café el fotógrafo. Yo seguía flipando. Sonreí por la inverosimilitud de la situación.

Me debes tu compañía para un café, me dijo. Me senté a su lado con recelo, nos presentamos formalmente y empezamos a hablar. Yo aún no me lo podía creer, pero si existía el destino, debía ser algo muy parecido a esto

Desde entonces han habido muchos cafés, tes, comidas, cenas, meriendas y paseos.
Gonzalo es una de las personas más auténticas que conozco, y se ha convertido en un amigo de los de verdad, gracias a él estoy descubriendo una Barcelona que desconocía, me ha llevado a sitios increíbles, y nos reímos hasta no poder más, un día que estábamos tomando un té helado en una de esas terrazas con vistas,  súper exclusivas, esas de muchos cojines y piscina, hablando de  cosas de la vida, me di cuenta de que había encontrado un tesoro, porque quien tiene un amigo, eso es lo que realmente tiene, un tesoro de incalculable valor, gratis aunque su precio es caro. 

Si no llega a ser por su descaro en aquel momento quizás nunca  hubiera descubierto la maravillosa persona que es. 

Y esa es la larga y fantástica historia de como conocí a Gonzalo...