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jueves, 1 de octubre de 2015

Una segunda oportunidad

Normalmente no suelo ir dos veces a un restaurante/bar/cafetería si la primera vez no me causó buena impresión, pero esta vez era una cuestión de supervivencia:

Había quedado para comer con Mike,  entre que llegué tarde,  una cosa y la otra, nos dieron las 16h y pico, la verdad es que el tiempo se detiene cuando estamos juntos,  para nosotros,  porque para el resto de las personas el mundo sigue girando igual.

Yo estaba muerta de hambre,  desde la 13h que tenía hora en la seguridad social para hacer unos papeles, y después tenía que ir a la tesorería,  y más cosas... nunca me iba a imaginar que cuando no tuviera trabajo tendría tan poco tiempo, las horas pasarían volando y los recados se multiplicarían,  haces tres y surgen ocho,  y así cada día.

El caso es que las cocinas de los restaurantes ya estaba cerradas y yo empecé a ponerme nerviosa, tenía que ir a clase y tenía hambre,  no quería esperar a que Mike cocinara porque quería estar ese rato con él disponible para mi y no en la cocina,  y aunque íbamos a tardar seguramente lo mismo que en un restaurante seguro que yo me iba a poner más nerviosa esperando.

Me dijo que nuestra única opción era ir al chino porque tenían la cocina abierta todo el día,  pero a mi no me apetecía nada,  hace siglos que no voy a un chino,  y ese no era el día más indicado para ir, le dije que definitivamente el chino No. También teníamos como opción una hamburguesería,  pero para ser sinceros,  no me gustan tanto, a diferencia de él que es un amante, yo quería algún plato caliente.

Al final acepté de muy mala gana ir al chino,  y aún sabiendo que podía sentarme mal la comida, se suponía que era nuestra única alternativa,  yo seguía  dudando de que fuera la única,  pero no quería discutir,  sólo quería comer.

Cuando llegamos a la puerta del chino vimos como cerraban la puerta del restaurante delante de nuestros ojos.  Hice un gesto dramático de "¡¿por qué?!"
Seguro que tenía que haber otra alternativa,  le pregunté si el restaurante Mabel estaba cerrado (ese en el que meses atrás me había tomado el segundo peor café de Barcelona)  y me dijo que el restaurante no,  pero la cocina si.  Le dije que al menos nos podrían hacer un bocata, ya me daba un poco igual la verdad,  era cuestión de supervivencia.

Así que fuimos y nos atendieron super amables, nos dieron la carta de bocadillos y platos combinados,  que ahora se llaman Brunch... tomamos un Brunch con un par de cañas.  Yo pedí pescado a la plancha con salsa tártara, ensalada y patatas fritas y él bistec,  huevos y patatas fritas... no creo que haya sido por el hambre,  pero estaba realmente bueno,  y el servicio muy correcto,  la relación calidad precio muy interesante. 

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas,  pero para mí esta segunda parte ha sido la mejor.  Estoy segura de que volveré.