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lunes, 10 de febrero de 2014

Aura. La tienes o no la tienes.

Hablando con alguien un día,  de cosas de la vida,  me dijo: me transmites paz, tienes un aura muy especial.
Yo le contesté que en realidad tengo dos Auras especiales. Mi madre y mi hermana;  las dos se llaman Aura!  Jajajajaja
Debió pensar que me hacía la lista, pero esa es la pura verdad.  Ellas son mis auras y sin ellas no habría conseguido sobrevivir en éste mundo cruel.

En los días en los que la vida me ha sonreído ellas han reído conmigo. En los momentos en los que la vida me ha golpeado tan fuerte que he estado a punto de caer en un abismo infinito, ahí estaban ellas como ángeles enviados por Dios para evitar que me dejara caer, que dejara de luchar.
Mi Aura grande siempre ha creído en mi, desde aquel día 2 de marzo en que me vio por primera vez, tan extremadamente pequeña y frágil.  No daban un céntimo por mi vida, decían que no estaban seguros de que sobreviviría fuera de la encubadora. Pero Aura grande me salvó la vida. Desde aquel momento sabe que soy una luchadora, y he visto en ella el mayor ejemplo de mujer valiosa.
Aura txiqui también confía en mi. Tanto como para dejarme al cuidado de su primogénito con 22 años. No me ha permitido tirar la toalla, y sé, que gustosamente hubiera sufrido por mi las injusticias de la vida.
Recuerdo cuando jugábamos con muñecas, cuando me explicaba los libros que leía, cuando me introdujo en el mundo del shopping, y habla con satisfacción de su hermana pequeña.
Son mis auras y una parte importante de mi personalidad la han configurado ellas.
Me hubieran metido en una burbuja protectora si hubiese sido posible, para protegerme de todo mal, y me han dado la oportunidad de equivocarme y rectificar. 
Las quiero mucho mucho y mucho. Y sé que siempre me acompañarán.